E.S.E. Hospital Universitario del Caribe

Aracely de la Rosa

Aracely de la Rosa es la familiar de una de las pacientes que se encuentran recibiendo atención en la Unidad de Cuidados Intensivos de la ESE Hospital Universitario del Caribe. Vive en el pueblo de Barú, zona insular de Cartagena. Nació y se crio en esa isla, ambientada por la brisa y el hermoso mar cristalino, rodeada de mangles y en donde su gente vive el día a día sin afanes.

Hace varios días que tiene a su madre en este centro asistencial bajo los cuidados del personal médico y de enfermería, quienes además de brindarle atención, también le han dado un servicio humanizado que hace parte de una propuesta que se está implementando en la unidad desde hace varios meses con muy buenos resultados.

Se trata de un acompañamiento psicosocial que logra conseguir que tanto los pacientes como sus familiares reciban atención por parte de un equipo interinstitucional que les da consejos, instrucciones y explicaciones para poder sobrellevar la situación.

“Llegué con mi mamá a este hospital e ingresamos por urgencias, en vista de lo delicado de su salud. Luego la trasladaron a UCI y desde entonces ahí la están atendiendo. Al principio fue muy difícil para nosotros, porque no teníamos claro qué era lo que padecía. Pero el equipo de la unidad nos explicó de forma detallada el estado de su salud y la forma como debemos manejar la situación. Nos hablaron con sinceridad. Hemos visto que le han dado un buen trato y me siento mejor ahora”, explicó Aracely.

“El personal de la UCI nos han dicho con claridad qué es lo que tiene mi mamá y eso me tranquiliza un poco. Prefiero que sean honestos conmigo y me digan la verdad a que me estén tapando las cosas. Pero lo mejor es que han sabido cómo explicarnos la situación de mi mamá con cariño y afecto”, dijo.

En vista de la salud de su madre, la viene a visitar a diario, aunque para ella represente viajar desde su natal Barú, que es una distancia bastante considerable. A veces se queda donde un familiar aquí en Cartagena, pero debe estar también pendiente de sus hijos y su esposo, con quien trabaja en una casa ubicada en Isla de Piedra, a pocos minutos en lancha rápida de Barú.

Su motor es la familia, los hermanos, su madre (su padre falleció hace unos años), su esposo y los hijos, quienes estudian en esa comunidad de pescadores. En sus ratos libres pasa tiempo con ellos y se divierte, compartiendo al compás de la música caribeña y el calor tropical que ambienta esa hermosa zona. Aunque allá no hay centro de salud y son limitados algunos servicios, comenta que no se iría a vivir a otra parte, allí lo tiene todo.

Al preguntarle cómo ha visto el servicio que le han prestado a su madre, ella contesta con entusiasmo: “La verdad es que a nosotros nos han atendido muy bien. No solo a mi mamá, sino a mí y al resto de mi familia que ha venido a visitarla. Se nota que se esmeran por cuidar bien de los pacientes. Y ahora que se ha implementado el programa del ‘buen trato’, podemos apreciar mejor cómo se preocupan por los usuarios y también por nosotros los acompañantes, para que estemos tranquilos, mientras nuestros familiares se recuperan”.

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